
Una inmersión en el arte contemporáneo desde la comunicación: aprendizajes y reflexiones de unas prácticas en el Instituto Nebrija de Artes y Humanidades.
Soy Alexia López, estudiantes de Marketing y Publicidad y el 24 de marzo de 2025 comencé una de las experiencias que más me han marcado en mi formación: mis prácticas en el departamento de comunicación de Institutos Nebrija.
Durante tres meses, he podido aprender y comprender el funcionamiento de estos departamentos dentro de una institución educativa diversa formada por el Instituto Nebrija de Artes y Humanidades, Instituto Nebrija de Formación Profesional, Instituto Nebrija del Español, Instituto Nebrija de Lenguas Modernas y el Instituto Nebrija de Competencias Profesionales.
Desde el inicio, me ofrecieron la posibilidad de elegir el enfoque de mis prácticas, y decidí centrarme en el área de Artes con Cecilia De la Puente, ya que era lo que más me llamaba la atención. Hasta entonces, mi conocimiento sobre arte se limitaba a lo aprendido en clases de Historia del Arte y a algunas visitas puntuales a museos como el Reina Sofía o el Museo del Prado. Sin embargo, fue en estas prácticas donde descubrí el verdadero valor del arte contemporáneo y su relevancia en el presente.
El primer paso hacia el arte actual
Nada más comenzar, participé en la inauguración del curso Claves del Arte Contemporáneo, capturando con mi cámara los momentos más significativos. Este fue mi primer trabajo y también mi primer contacto con un equipo profesional: conocí a las personas con quienes trabajaría durante toda mi formación en Nebrija. En ese momento, sentí por primera vez que estaba entrando de lleno en el mundo laboral real.
Durante esa sesión, Esperanza Belda, profesora del curso, presentó los contenidos y objetivos del programa. Su entusiasmo fue tan contagioso que no dudé en pedir a mi tutora, María Olivares, que me permitiera asistir también a las visitas del curso.
Pocos días después, acompañé al grupo a una exposición de Mar Solís en CentroCentro, en Cibeles. Fue un punto de inflexión para mí, acostumbrada a pensar en el arte en términos clásicos como el Barroco o el Renacimiento. Me enfrenté a un lenguaje visual completamente nuevo. Las obras de Mar Solís eran asombrosas: fondos negros con figuras de tiza y esculturas de metal que se movían, transportándome a un mundo desconocido.
Escuchar a la propia artista explicar su obra con tanta pasión me hizo comprender que el arte contemporáneo no es algo fácil. Detrás de cada pieza hay una reflexión profunda, un concepto, un mensaje que merece ser entendido.
El arte contemporáneo y el mito de la simplicidad
Uno de los prejuicios más comunes sobre el arte contemporáneo es la creencia de que “es algo que puede hacer cualquiera”. Este mito, asociado a obras conceptuales o no realistas, tiende a minimizar el valor del trabajo artístico actual e ignora el contexto intelectual y crítico en el que se desarrolla.
Durante mis prácticas, tuve la oportunidad de desmontar este mito desde la experiencia. El ejemplo de Mar Solís fue impactante, pero no fue el único. También conocí el trabajo de Violeta Maya, Carlota Pérez Castro y la experiencia de Charo López en la compraventa de obras.
A medida que exploraba exposiciones y asistía a clases para tomar fotos y vídeos, entendí que el arte contemporáneo no se mide por su dificultad técnica visible, sino por su capacidad de generar preguntas, provocar emociones y abrir nuevos marcos de pensamiento.
Las obras actuales no siempre buscan agradar visualmente, sino hacernos reflexionar sobre temas como la sociedad, la identidad, la política, la tecnología o el medioambiente. Por eso, entender el arte contemporáneo requiere algo más que una mirada superficial: exige disposición al diálogo, contexto, curiosidad y pensamiento crítico.
Decir que “cualquiera puede hacerlo” es ignorar el conocimiento, la formación, la investigación y la intención que hay detrás de cada creación. Durante estas semanas, he aprendido que el verdadero desafío del arte contemporáneo no está en producirlo, sino en acercarse a él con la mente abierta y, sobre todo, en aprender a mirar más allá de lo evidente.
Comunicación, creatividad y aprendizaje constante
Más allá de las exposiciones, también participé activamente en otras tareas clave del departamento de comunicación. Redacté contenidos para blogs, escribí guiones para vídeos y busqué referencias relacionadas con arte, moda y tendencias. Estas actividades me empujaron a investigar y aprender más de este mundo creativo.
Asistí también a exposiciones memorables, como Posters de Andy Warhol en CaixaForum. Frente a su universo colorido de anuncios y serigrafías, descubrí cómo el arte y la publicidad se entrelazan para influir en la cultura. En ese momento pensé: “Esto también es lo mío”. Me di cuenta de que el arte está en todas partes: en el cine, en la publicidad, en la historia y en la vida cotidiana.
Como estudiante de Marketing y Publicidad, esta conexión me resultó especialmente relevante. Comprendí que la creatividad visual y conceptual del arte puede enriquecer mi futura profesión, ya que muchos anuncios están inspirados en obras o, directamente, son arte en sí mismos.

Un trabajo que me ha dejado huella
Estas prácticas me han ofrecido una experiencia completa: profesional, académica y personal. Tuve la suerte de poder estar en contacto con artistas, profesores y compañeros, y entendí que el arte contemporáneo es una herramienta poderosa para interpretar nuestro tiempo.
Ahora, cuando veo una obra contemporánea, no la miro con escepticismo, sino con curiosidad y respeto. Sé que hay algo ahí que merece ser descubierto.
Hoy sé que mirar una obra contemporánea es una invitación a pensar el mundo desde otra perspectiva. Y ese, sin duda, ha sido el mayor regalo de estas prácticas.
¡Gracias a todos!

